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Las Bellas Melodías

Miércoles 13 de septiembre

Teatro Materón

Palmira

7:00p.m

Entrada libre

 

Jueves 14 de septiembre

Iglesia Perpetuo Socorro

Trujillo-Valle del Cauca

5:30p.m

Entrada libre

 

Viernes 15 de septiembre
Teatro Municipal Enrique Buenaventura

7:00p.m

 

Sábado 16 de septiembre

Boulevard de Buenaventura

3:30p.m

Entrada libre

 

Director titular: Maestro Adrián Chamorro

Solista invitado: Santy Abril/ Violín (Ecuador)

Programa

PIOTR ILLICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)

- Concierto para violín en re mayor Op. 35

I. Allegro moderato

II. Canzonetta: Andante

III. Finale: Allegro vivacissimo

 

INTERMEDIO

 

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

- Sinfonía No 6 en fa mayor Op. 68 "Pastoral"

I. Allegro ma non troppo

II. Andante molto mosso

III. Allegro

IV. Allegro

V. Allegretto

 

NOTAS AL PROGRAMA:

 

LAS BELLAS MELODÍAS

 

La localidad de Clarens, a orillas del lago Lemán en Suiza, fue el lugar donde ocurrió el génesis del famoso concierto para violín de Tchaikovsky.

Iosif Kotek, violinista y alumno del maestro, jugó un importante papel en la creación ya que asesoró a Tchaikovsky, que no era violinista, con la parte solista.

 

En tan solo un mes, la obra estaba lista y el compositor la dedicó inicialmente al legendario Leopold Auer, (ya que Kotek aún no gozaba de prestigio internacional) quien inicialmente rechazó la obra por considerarla “intocable”. Mas tarde la ejecutaría, pero para el estreno, Tchaikovsky cambió la dedicatoria para Adolf Brodsky, quien la estrenó a finales de 1881 en Viena, bajo la dirección de Hans Richter.

La obra inicialmente tuvo una pobre acogida, y Edward Hanslick fue duro en la crítica con ella. Sin embargo, la belleza del concierto terminó por abrirse paso en los anales de la historia y convertirse en un ícono del repertorio del instrumento.

 

“La Pastoral” - Relación de Beethoven con la naturaleza:

 

El  amor por la madre natura seguramente tiene que ver mucho con los días de infancia del gran maestro de Bonn, que aunque fueron difíciles en ciertos aspectos, por otro lado nunca pudo olvidar sus dichosos momentos en los campos por donde atravesaba “unser Vater Reihn”, (nuestro Padre el Rin, como lo llamaba), “tan vivo, en verdad casi humano, semejante a un alma gigantesca por la que  pasaran pensamientos y fuerzas innumerables, en parte alguna más bello, más poderoso ni más dulce que en la deleitable Bonn, a la que lame las sombreadas pendientes florecidas con acariciadora violencia”.

Esta nostalgia por su tierra natal (pues Beethoven tuvo que abandonarla para ir por siempre a la frivolidad de la gran urbe, Viena) y su amor por la vida palpitante en la naturaleza, nos hace pensar en los relatos del joven Werther, como nos lo muestran varias notas  que llegan a nosotros.

Rolland cuenta al respecto: “Maduro por dentro y alejado de los hombres, no tenía otro consuelo que la naturaleza. “Era su única confidente” decía Teresa von Brunswick. También fue su refugio. Charles Neate, que lo conoció en 1815, dice que nunca había conocido a nadie que amara así las flores, las nubes, toda la naturaleza, hasta el punto de que parecía vivir en ellas. “No es posible que haya en el mundo alguien que ame el campo como yo…” escribe Beethoven, “un árbol me es más caro que un hombre…” en Viena daba diariamente la vuelta por los extramuros y cuando estaba en el campo paseaba solo, de la mañana a la noche, sin sombrero,  lloviera o hiciera sol. “¡Dios mío, qué feliz soy en los bosques, donde cada árbol es una voz Tuya! ¡Que esplendor, Dios mío! La paz necesaria para servirte está aquí, en estas selvas y en estas colinas.”

Beethoven amaba piadosamente a los animales y no podríamos olvidar el tierno relato de la madre del historiador Von Frimmel  que decía que durante mucho tiempo, le tuvo un odio involuntario, porque cuando era niña le quitaba él con su pañuelo todas las mariposas que quería ella cazar.

De esta comunión del hombre con la naturaleza surgió la hermosa sinfonía “Pastoral” a la que Beethoven subtituló como: “Recuerdos de la vida en el campo”. Así mismo, varias anotaciones adjuntas a cada movimiento, acompañan la partitura de la siguiente manera:

El primer movimiento: “Despertar de apacibles sentimientos al encontrarse en el campo”. El segundo, “Escena junto al arroyo”. El tercero es la “Animada reunión de campesinos”; el cuarto “Truenos y tempestad” y finaliza con el Himno de los pastores. “Sentimientos  de alegría y agradecimiento después de la tempestad”.

 

JORGE MARIO URIBE

DIRECTOR ARTÍSTICO ASISTENTE

OFC